
Salí de Münich a las 8:35 de la noche del
primero de mayo, llegué a Viena a la mañana siguiente, temprano; debí
haber llegado a las seis cuarenta y seis; el tren llevaba una hora de retraso.
Budapest parece un lugar maravilloso, a juzgar por lo poco que pude ver de
ella desde el tren y por la pequeña caminata que di por sus calles. Temí
alejarme mucho de la estación, ya que, como habíamos llegado tarde, saldríamos
lo más cerca posible de la hora fijada. La impresión que tuve fue
que estábamos saliendo del oeste y entrando al este. Por el más occidental
de los espléndidos puentes sobre el Danubio, que aquí es de gran anchura y
profundidad, llegamos a los lugares en otro tiempo sujetos al dominio de
los turcos.
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http://www.esociales.fcs.ucr.ac.cr/biblioteca/esociales/Stoker,Bram-Dracula.pdf